Ruta 6, Sierra Cabrera accidentada.
No hay nada mejor que una buena bajadita para mosquear a las mujeres. Hay Dios mío, si es que hay cosas que sabemos que no pueden ser. Darle a Manolito las llaves de la ruta es como poner un pollo a picar tomates delante de un tigre. Lo malo de estas cosas es que luego hay que estar un par de semanas sin bici, convirtiéndose en los hacedores de unos recados que nunca se hacen pero que deben ser importantísimos, pues si el domingo por la mañana cuando te piden algo dices eso tan mágico de: ¿Qué dicessssssssssss? Ahora voy yo a ponerme a hacer eso, anda ya coño, pa un domingo que me quedo en casa y ahora quiere que…. Entonces, entonces es cuando ponen una cara de lo mas rara y unos ojos asesinos que da a entender la transcendencia y/o magnitud de lo que a nuestras mujeres se les haya ocurrido en ese preciso instante en el que habías terminado el ultimo bocado de la tostada con mantequilla y te preguntabas por donde demonios estarían el resto de los enfermos.
De todas formas y quitándole hierro al asunto, todos sabemos que tener un trastazo está al alcance de cualquiera, incluso de mi, de lo cual creo que puede dar fe alguna que otra cinta cinematográfica, espero que el Torito tenga a bien no ponerla, no vaya a ser que también cause baja para Aroche por fracturas diversas.
Así que este fin de semana estos caminos de Dios se han cepillado a los Joseluises, el flaco y el… bueno, el veterinario, que es como quedarse sin pareja cómica en este nuestro teatrillo bicicletero.
Desde este insignificante atril para tan egregia pluma, quiero sin mas acabar enviando un soplo de alivio y de buen humor a los hermanos enfermos para su pronta recuperación. Ojalá, ojalá nos podamos reir todos juntos el domingo que viene.